Hay que dejar atrás el plástico sin perder prestaciones. Esa es la idea de PeelPack, una startup que transforma pieles de patata, un subproducto de la industria alimentaria, en Materra®. Se trata de un material compostable de alto rendimiento diseñado para sustituir a los plásticos convencionales de origen fósil.
Su planteamiento es sencillo. PeelPack no pide a los fabricantes que inviertan en maquinaria ni en procesos nuevos. Ha desarrollado un material que funciona en las líneas de producción que ya tienen.
Y el proyecto ya está en marcha. La compañía ha convertido su primer piloto de pago en un pedido comercial de 6 toneladas de Materra® para envases de alimentos frescos en Italia. Además, tiene 12 pilotos industriales en curso con socios de toda Europa. Para sus fundadores, Slava y Massimo, es un salto enorme: de la investigación científica a un producto real que llega al mercado.
Nuestros Founders of the Month nos cuentan la historia con sus propias palabras.
El origen: ¿cuándo os disteis cuenta de que merecía la pena?
PeelPack nació cuando la investigación científica de Massimo se encontró con la experiencia empresarial y el impulso emprendedor de Slava.
Massimo llevaba tiempo investigando cómo las pieles de patata podían convertirse en un material nuevo con valor. Es un subproducto de la industria alimentaria al que nadie prestaba atención. Slava vio la oportunidad de fondo: convertir ese descubrimiento científico en un negocio escalable, capaz de competir con los plásticos convencionales.
Enseguida vimos que teníamos algo que merecía la pena. Pero también sabíamos que la buena ciencia, por sí sola, no construye una empresa. Hacen falta clientes, socios industriales, inversión y un producto que funcione fuera del laboratorio.
Esa se convirtió en nuestra misión común. Queríamos sacar un descubrimiento científico prometedor del laboratorio y llevarlo a las fábricas. Queríamos convertir algo que el mundo tira en algo que el mundo de verdad necesita.
El reto: ¿qué resultó más difícil de lo esperado?
Sinceramente, casi todo lo que hay entre el laboratorio y el primer pedido de un cliente.
Desarrollar un material es una cosa. Convencer a un fabricante de que lo pruebe en su línea de producción es otra. Y conseguir que ese primer cliente pague por él es un reto completamente distinto.
Hemos vivido pruebas fallidas, retrasos inesperados, ajustes técnicos y muchos momentos en los que las cosas no salían según lo previsto.
Hay un momento que no olvidaremos. Un socio industrial nos dijo que Materra® funcionaba mejor que el PET convencional en su línea de termoformado. Después de tanto esfuerzo, fue enormemente gratificante. Demostraba que un material sostenible no tiene por qué implicar renuncias.
Levantar financiación ha sido otra aventura. A muchos inversores les encanta la tecnología, pero quieren ver ingresos significativos y un riesgo mínimo antes de invertir. Algunos incluso esperan un millón de euros de facturación antes de plantearse entrar. Eso se parece más a lo que se exige en una Serie A que a una financiación early stage.
¿Pero cómo llegas a escala industrial sin el capital para conseguirlo? Es el clásico dilema del huevo y la gallina de cualquier startup.
Hemos aprendido a centrarnos en lo que depende de nosotros. Construimos alianzas industriales sólidas, demostramos un rendimiento real, conseguimos clientes que pagan y avanzamos paso a paso.
Consejos: ¿qué tres cosas le diríais a un founder que va seis meses por detrás de vosotros?
1. Sal del laboratorio cuanto antes. Lo aprendimos en nuestras primeras pruebas industriales. Puedes pasar meses perfeccionando algo en el laboratorio y descubrir que una línea de producción real tiene unas exigencias completamente distintas. Busca socios dispuestos a experimentar contigo, aunque tu producto aún no sea perfecto.
2. Escucha a los clientes, no solo los cumplidos. Nuestras primeras conversaciones con fabricantes de envases nos enseñaron que la sostenibilidad, por sí sola, no cierra acuerdos. Los clientes necesitan rendimiento, fiabilidad y un precio competitivo. Cuanto antes entiendas qué les importa de verdad, antes podrás construir algo que realmente compren.
3. No confundas interés con compromiso. Hemos tenido inversores entusiasmados, reuniones con clientes muy alentadoras y mucho feedback positivo. Pero hasta que llega la inversión o se firma la orden de compra, sigue siendo solo una conversación.
Convertir nuestro primer piloto de pago en un pedido comercial fue un momento especialmente significativo. Nos recordó que la validación más sólida no es un premio ni una competición de pitch. Es un cliente dispuesto a pagar por lo que has construido.
«Construir PeelPack ha sido una montaña rusa. Hay días en los que sientes que estás a punto de cambiar el mundo. Y otros en los que te preguntas por qué no elegiste algo más fácil.
Pero entonces una prueba de producción sale bien, un cliente hace un pedido o un fabricante te dice que tu material rinde mejor que el plástico convencional. Esos momentos hacen que todo merezca la pena.
Quizá la mayor lección que hemos aprendido es que innovar no consiste solo en tener buena ciencia o una buena idea de negocio. Consiste en reunir a las personas adecuadas, creer en algo y tener la constancia necesaria para hacerlo realidad.»
— Slava y Massimo